CAPITULO VII LA DESCONOCIDA
CAPITULO VII
LA DESCONOCIDA
Creo que es hora de que sea yo la que empiece a contar esta historia. Aun no me conocéis, es pronto, todo a su tiempo. Hasta ahora la habéis conocido a través de dos de sus protagonistas. En toda buena historia, y yo espero que ésta lo sea, hay mucho más que casi todos desconocen. Estas dos familias unidas por el amor y el odio, no conocen más que una pequeña parte, poco a poco irán descubriendo el resto.
Pero dejémonos de preámbulos y empecemos.
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Mara y Andrés estaban inmersos en los preparativos de su vida en común. Debían esperar, habían solicitado una dispensa para poder casarse antes del tiempo establecido como luto por la muerte de Lara y mientras ésta llegaba yo transcurría con aparente normalidad.
Andrés visitaba a sus pacientes y paseaba con Mara, luego regresaba a casa y se encerraba en el despacho que
había sido de su padre. Quería eliminar todo vestigio de su existencia. Encontró nuevos cuadernillos negros que escondió en un viejo baúl con otros pequeños objetos con la esperanza de que nadie diera con ellos. Mientras su madre, Elisa, elegía junto a Mara el nuevo papel de las paredes y la tela de las cortinas. Algunos de los viejos muebles se subieron al desván y se incorporaron otros más alegres que fueron poco a poco alejando su siniestro pasado. Se suprimieron las fotos de su padre y se incorporaron fotos de Elisa, de Germán y de Mara.
Esta por su parte restauraba la centenaria casa de su abuela y descubría retazos del pasado familiar.
¿Todo idílico verdad?
Andrés caminaba despacio hacia el ayuntamiento cuando su hermano Germán y una pareja de la guardia civil salían de él.
- ¡Andrés! -Llamó Germán dirigiéndose hacia él.- Tenemos un gran problema -dijo cuando llegó a su altura- Ha aparecido un hombre muerto en el bosque. Lo han asesinado.
Andrés le miró atónito.
- ¡Cómo ha sido! ¿Quién es?
- Mejor vienes con nosotros y lo compruebas tú mismo.
Era una mañana apacible y los caminos estaban secos, no invirtieron mucho tiempo en llegar al bosque de castaños cerca del río. Tardaron un poco en ver el cuerpo, lo escondían las ramas de los árboles. Lo que vieron les dejó helados, el hombre estaba totalmente irreconocible. Le habían asestado una puñalada en el corazón, le habían destripado y desfigurado totalmente la cara y sus vísceras eran pasto de las moscas.
Germán volvió la cabeza y vomitó sobre un zarzal cercano. Andrés estaba lívido. No creía posible que pudiera
existir tanto ensañamiento ni mente humana que pudiera hacer semejante cosa.
- ¿Quién crees que es? -preguntó Andrés dirigiéndose a su hermano mayor.
- No tengo la menor idea. Es imposible saberlo y no lleva documentación. El sargento de la guardia civil me avisó cuando lo encontraron. Ha llamado a Oviedo, esto es demasiado para nosotros.
- Si no fuera por las puñaladas diría que lo atacó un animal...
- Lo peor es que no ha sido así. Quizá sea algún caminante, no puedo imaginar que alguien del pueblo haya podido cometer semejante salvajada.
Germán se había quitado el sombrero y se rascaba preocupado la nuca.
- No tenemos forense, tendrás que ser tú el que le haga la autopsia, al menos hasta que en Oviedo nos digan otra cosa.
Andrés se agachó al lado del cadáver, y observó las heridas de su cuerpo.
- Las heridas parecen hechas con un cuchillo de cocina de los de partir carne. Pobre desgraciado -comentó desconcertado- ¿Cuándo vendrá el juez?
- Está de camino. Espero que no tarde en llegar. No quiero imaginar la que se va a liar en el pueblo cuando se enteren de esto. Haré un bando recomendando que no anden de noche por los caminos. ¡Qué desastre!
En un pueblo donde apenas habían podido olvidar las crueldades de la guerra, un asesinato encendía de nuevo la mecha del miedo que todavía no estaba apagada. Y como es de suponer la noticia corrió como la pólvora.
Mara estaba despidiendo a los niños cuando una vecina vino a contárselo. Unos pasos más allá la pararon unos pastores que venían de ver al ganado... Antes de llegar a su casa tenía una información completa y detallada de todo lo sucedido, eso sí, aderezada con rumores, leyendas y cuentos típicos de la zona.
La abuela María tendía tranquilamente la ropa en el prado de detrás de la casa. Esta había recuperado su viejo esplendor como una antigua joya cuando se limpia y se pule. Hasta María parecía más joven y dinámica.
Mara no quería pensar en lo sucedido, no sabía si era prudente contárselo a la abuela, no al menos hasta tener un conocimiento de los hechos más fidedigno. Quizás Andrés supiera algo del asesinato e informarlas mejor.
La saludó con la mano y se dirigió al sitio donde se encontraba. Se dieron un beso y después de las preguntas rutinarias entró en la casa, las paredes recién pintadas la proporcionaban una luz que ella nunca había conocido. Había desaparecido todo rastro de dolor y muerte. Sonrió satisfecha, sería el hogar de su familia y así quería que fuera, un lugar alegre donde sus hijos pudieran crecer. A pesar de todo, su habitación preferida seguía siendo el desván y allí se encaminaba todas las mañanas al regresar de la escuela. Su intención era que no se quedara sólo como un trastero donde guardar cacharros viejos, quería que fuese cómodo, un rincón donde recogerse y evadirse de toda preocupación. Ya estaba casi listo, los muebles viejos los había restaurado y acomodado junto con una vieja alfombra que limpió pacientemente. Los baúles de su madre estaban bajo una de las ventanas pequeñas y todo lo que no tenía utilidad lo había hecho leña para la cocina.
Entonces reparó en ello, se extrañó de no haberlo hecho antes. En una esquina, como olvidada había una caja de latón con dibujos de flores y plantas.
"Es curioso- se dijo- juraría que nunca he visto esto". Se puso de rodillas y pasó delicadamente sus dedos por la tapa. Estaba limpia, tal vez la abuela la había puesto ahí. ¿Pero dónde había estado? Una por una habían arreglado cada habitación, juntas sacaron todas las cosas de los armarios y cómodas, ¿de dónde había salido esa caja?
Llena de emoción, un poco temblorosa, destapó aquel enigma, lo primero que vio fue un sobre. "Para Mara", estaba escrito en caligrafía inglesa, nadie que ella conociese lo suficiente tenía ese tipo de escritura. Abrió el sobre y contuvo el aliento.
Una foto de Isidro, el padre de Andrés, vestido de militar, rodeado de otros hombres uniformados. A sus pies, como un trofeo, el cuerpo mutilado de... no podría decir si era un hombre o una mujer, tal era su estado. Se llevó la mano a su boca para evitar un grito de terror. En el reverso de la fotografía unas palabras escritas "La mala semilla nunca muere".
Dejó caer sobre su falda la fotografía, sus ojos se llenaron de lágrimas, su cuerpo se sacudía al compás del llanto. La caja estaba llena de documentos amarillentos que no se atrevía a revisar. Guardó de nuevo el retrato y cerró la caja. ¿Quién podía haber dejado aquel testimonio siniestro en su desván?
Secándose torpemente las lágrimas intentó serenarse, la mañana parecía haberse oscurecido, primero el cadáver encontrado en el bosque y ahora esta misteriosa caja. ¿Guardarían relación los dos hechos? No, era una tontería, esto era una advertencia para ella, alguien quería que se alejase de Andrés y de su familia. "La mala semilla nunca muere", estaba claro.
Bajó despacio las escaleras, había conseguido serenarse, y se dirigió hacia la cocina. María, su abuela, estaba terminando de preparar la comida.
- Abuela, estos días ha entrado mucha gente en nuestra casa, ¿verdad? -preguntó cogiendo un paño, disponiéndose a secar los cacharros que escurrían en la encimera de piedra.
- Yo diría que aún no han salido de ella -contestó María sin mirarla.- Ha sido una locura y aún vendrán a terminar algunos detalles que han quedado pendientes.
- ¿Todos los trabajadores eran del pueblo?
- Casi todos. ¿Por qué te interesa ahora? -preguntó suspicaz mirándola por primera vez.
- Estaba pensando que con las obras hemos arreglado algunos meses a varias familias- Mara bajó la vista.
- Si y también en los pueblos de alrededor. Son tiempos duros, apenas llega para comer, con esto les hemos aliviado un poco. ¡Por cierto! -Exclamó apartando la cacerola de la cocina de carbón- Varias muchachas han venido a preguntar si necesitamos gente para la casa. Les he dicho que hablaría con vosotros.
- No sé abuela. Lo comentaré con Andrés. Sabes que yo no gano nada en la escuela salvo lo que me traen los padres de los niños con gran sacrificio por su parte, cuando pueden.
María bajó el tono de voz y se acercó a ella.
- Mara, creo que ya es el momento de que recibas tu herencia familiar. -Dijo en tono misterioso.
La miró perpleja.
- ¿Herencia familiar? -preguntó incrédula.
- Si, vida. Cómo sabes tu madre al regresar a España trajo algunas joyas. Tu misma me preguntaste por ellas a tu vuelta.
- ¡No puedo creer que hayáis pasado calamidades y no las utilizarais! -Protestó enfada su nieta.
- Dijo que eran para ti. Tu futuro. No quería que dependieses de nadie ni siquiera de tu tío Juan. Las fue vendiendo poco a poco sin levantar sospechas. Si alguien lo hubiera sabido nos habrían matado para conseguirlas. Guardó algunas; sus anillos de boda, el camafeo que le regaló tu abuelo y la pulsera que era de mi madre y que lucí yo en mi boda, luego tu madre y espero que tú también en la tuya.
- Pero...
- No hay peros. -Cortó tajante- El dinero y las joyas están bien guardados. Con tanta gente en casa no me he atrevido a sacarlo de su escondite. Hemos pasado necesidades, no hambre. La tierra, si la sabes querer te recompensa con creces. Te permitirá vivir bien, sin grandes lujos, pero podrás pagar a alguien para que te ayude.
- ¡Abuela! -exclamó abrazándola.
- Nunca se olvidó de ti, pequeña. Nunca.
A Mara se le inundaron los ojos de lágrimas. Aquellas palabras se clavaron en su corazón llenándola de un sentimiento cálido, aquel sentimiento que creía perdido. El amor de su madre.
En el pueblo no tenían depósito ara los cadáveres. En uno de los calabozos del cuartel de la Guardia Civil improvisaron una sala de autopsias. Desde Oviedo les habían informado que un inspector de policía se dirigía hacia allí para hacerse cargo del caso, esperaban que no tardase mucho en llegar. Era demasiado para ellos.
Un cabo primero iba tomando nota de cada detalle que Andrés iba exponiendo. Era un varón de unos cuarenta años, no se podía precisar su rostro estaba totalmente desfigurado.
- ....posiblemente golpeado repetidamente con una piedra de gran tamaño. Tiene la mandíbula hecha pedazos. La cavidad ocular ha sido aplastada, así como la nariz y los pómulos. Creo que esto lo hicieron después de asestarle la puñalada en el corazón. Se ensañaron con él. -Respiró profundamente con un gesto de asco producido por el olor del cuerpo- Apartó los restos de su ropa que aún quedaban sobre su tórax. No fue una sola puñalada -indicó al guardia civil- En total veo tres marcas, una de ellas en el corazón, otra en el costado izquierdo y otra... -rasgó los pantalones- en la pierna también izquierda. Después le abrieron el vientre de arriba abajo, le sacaron todas las vísceras del interior... un momento parece que, que... no tiene genitales.
Germán entró en el calabozo al oír esto, se pasó el pañuelo por la frente.
- ¿Qué estás diciendo? -Dijo mirando el cuerpo mutilado y apartando la vista seguidamente- ¿Cómo puedes saberlo entre tanto estropicio?
- Están cortados -Andrés buscó entre todos los restos que habían traído del bosque. No están -aseguró mirando a su hermano.
- ¡Se lo habrán comido los animales!!
- O se los han llevado como trofeo... -dijo el cabo primero sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.
- Pudiera ser... Están cortados, no desgarrados. El desgarro vino después.
El cabo primero miró sorprendido a Andrés.
- No ha dicho ninguna tontería, o los tiraron en otro lugar o se los llevaron como trofeo.
Germán paseaba nervioso por la celda.
- ¿Quién o quienes han podido hacer esto? Ya no hay maquis por los bosques o eso creo.
- Germán esto es obra de un loco no de un maqui- Contestó Andrés mientras miraba los bolsillos del muerto- No hay nada. Nada de nada. ¿Sabemos si alguien ha denunciado una desaparición?
- La Guardia Civil está investigando en los pueblos de alrededor.
- ¿Tardará mucho ese inspector en llegar?
Germán no tuvo tiempo a contestar una voz le interrumpió.
- Espero no haberles hecho esperar demasiado- Todos se volvieron hacia la puerta del calabozo. Un hombre
alto, de cabello oscuro y rostro afable se dirigía a ellos- No es fácil llegar hasta aquí. Perdonen qué no me haya presentado. Soy el inspector jefe Rodrigo
Garcerán.
- Encantado, soy Germán Lobo alcalde de este concejo- dijo estrechándole la mano- Mi hermano Andrés, es médico, estaba examinando el cuerpo. Y el cabo primero Domínguez que ha tomado notas de lo que íbamos descubriendo.
El inspector saludó educadamente a todos los presentes y pidió al cabo la libreta donde estaban sus anotaciones. Lo leyó concentrado con leves movimientos de cabeza.
- Tal vez deberíamos llevarlo a Oviedo a que examinaran el cuerpo.- Andrés se quitó los guantes aliviado- Ellos tienen más experiencia.
- He tenido la desgracia de presenciar varias autopsias y creo que esta está bien expuesta. Aun así hablaré con mis superiores quizá puedan averiguar algo.
- Lo encontró un paisano que venía del monte de ver el ganado -el alcalde quería tomar las riendas de la conversación.
- ¿Recogieron todo lo que había alrededor?
- El sargento Pellicer se hizo cargo, no podría decirle... Está recorriendo los pueblos de alrededor por si echaran en falta a alguien.
- Tendré que hablar con él. ¿Podría alguien acompañarme al lugar donde lo encontraron?
- Yo lo acompañaré -contestó el cabo primero Domínguez- si estos señores no necesitan más de mis servicios.
- Yo no puedo hacer más. Tapar el cuerpo y ponerlo en un lugar fresco y a ser posible con hielo. Aunque aquí eso es difícil- Andrés se dirigió hacia la puerta.
- Eso haremos. Si me disculpan señores.
Rodrigo Garcerán se acercó al cuerpo haciendo caso omiso de los presentes.
- Si nos necesita llame a buscarnos. Todos saben dónde encontrarnos.
Germán salió del calabozo acompañado de su hermano.
Andrés dejó a su hermano en el Ayuntamiento. Iba pensativo, el crimen era, a estas horas, la comidilla de todo el pueblo. Había decidido ir a ver a Mara, conociéndola estaría preocupada y la imaginaba haciéndole mil preguntas acerca del hecho. La seguridad de los niños era su prioridad.
La encontró sentada en el banco de detrás del jardín, uno de sus rincones favoritos. Parecía ausente perdida en sus pensamientos, con la mirada centrada más allá del paisaje que tenía ante sus ojos. Se sobresaltó cuando depositó un suave beso en su mejilla.
- Siento haberte asustado -Andrés se sentó a su lado- Imagino que ya estás al corriente de lo sucedido.
- Si -respondió con una sonrisa- No se habla de otra cosa. ¿Qué ha ocurrido? ¿Es de aquí la víctima?
- Nadie parece conocerle. Está desfigurado. La Guardia Civil está preguntando por los alrededores si alguien falta de casa.
- Tengo que enseñarte algo. -Sacó del bolsillo de su falda una fotografía y se la entregó- La he encontrado hoy en el desván, en una caja que no había visto nunca.
Andrés ahogó un grito de sorpresa. El cuerpo mutilado a los pies de su padre parecía tener los mismos daños que el cadáver encontrado en el bosque. No podía asegurarlo pero tuvo la sensación de que era una reproducción exacta.
- Dentro de la caja hay más documentos. Posiblemente más fotografías. No he podido seguir mirando.
- ¿Dices que nunca habías visto la caja?
- No. Alguien la dejó ahí. ¿Pero quién?
- Es extraño que aparezca al mismo tiempo que el cadáver de un desconocido.
- La fotografía estaba en un sobre dirigido a mí. Dale la vuelta.
- "La mala semilla nunca muere" -repitió Andrés en voz alta.
- ¿Crees que puede tener relación con lo sucedido?
- No lo sé.
Andrés se levantó y empezó a caminar por el jardín inquieto. La imagen de su padre y sus compinches se había clavado en su retina. ¿Hasta dónde habían sido capaces de llegar? Se vanagloriaban de un asesinato como si fuera un trofeo de caza. Su indignación iba en aumento y el odio que creía casi olvidado se adueñó de él.
- Enséñame esa caja. Veamos lo que contiene -dijo tajante.
Entraron en la casa. María estaba en la cocina, "entre pucheros" decía animosa. Mara le indicó que iban a subir al desván, quería que Andrés viese como
había quedado. Ella dio su consentimiento con un leve movimiento de cabeza.
- Ahí está. -Señaló Mara.
Andrés se acercó a recogerla. Aquella caja le era familiar, como si ya la hubiera visto antes pero no era capaz de recordar dónde. Se sentó en una vieja butaca que Mara había dejado como nueva y se puso a revisarla. No había más fotografías, los documentos eran órdenes de fusilamiento, de tortura o detención. En alguno de ellos se especificaba qué "métodos de interrogatorio" se habían empleado. Tuvo que hacer un esfuerzo por no vomitar. Las náuseas que aquello le producía eran mayores que los escritos encontrados en el despacho de su padre. Y él había creído que eso no sería posible.
- Debemos llevarla a Garcerán.
- ¿Quién? -preguntó Mara sorprendida
- Es el inspector que nos han mandado de Oviedo. Creo que debería ver esto. Es demasiada coincidencia. Alguien quiere que no olvidemos el pasado recreándolo en el presente.
- ¡Dios mío! -exclamó ella dejándose caer en el diván.
- No quiero que salgas sola. Olvida esos paseos por el bosque. ¿Me lo prometes? -su voz era suplicante como sus ojos.
- Te lo prometo pero sabes que siempre voy sola a la escuela.
- Te acompañaré. Después de lo ocurrido nadie se extrañará de ello. Es lo normal. Intentaré averiguar quienes trabajaron en la casa, de dónde venían y si tuvieron relación con mi padre.
- ¿Quién no la tuvo? -Su voz era triste- El que más y el que menos sufrió sus abusos. Empezando por nosotros.
Andrés se levantó y la dio un suave beso en los labios. Su calidez la infundió fuerzas. Su contacto hacía que se sintiera protegida.
- Esto no es contra mí, Andrés. Es un ataque a ti y a tu familia. -Dijo cuando sus bocas se separaron.- Sois vosotros los que debéis tener cuidado.
- Quizás tengas razón.
- La tengo. No dejo de pensar que el anuncio de nuestra boda ha podido ser el detonante.
- ¿Por qué? ¿Qué importancia tiene?
- Andrés -dijo Mara mirándole a los ojos.- La guerra ha dejado heridas irreparables, algunas, tal vez, no lleguen a cerrarse nunca. Este pueblo, como toda Asturias, ha sido castigado cruelmente. Aquí teníamos a tu padre pero hubiera podido ser cualquiera. El resultado hubiese sido el mismo. La voluntad de los vencedores sobre los vencidos, muchos de aquí han sufrido y otros han visto culminadas sus venganzas por rencillas anteriores. Alguien conoce lo que paso aquel día y quiere recordarme que me uno al enemigo.
- Podría ser la explicación al contenido de la caja. Pero ha habido un asesinato.
- Sí. Es un mensaje para todo el pueblo y un aviso para vosotros. A alguien se le han revuelto los recuerdos.