EL MALTRATO
Saturados como estamos de nuestra precariedad económica parece que nos hemos olvidado de otros problemas de nuestra sociedad. Uno de estos sigue siendo la violencia que en muchos hogares se produce. Ya no sólo la violencia machista, sino la violencia ejercida sobre niños o el aún más desconocido maltrato que sufren algunos hombres, a los que les cuesta denunciar por temor a las burlas de los gallos del corral.
Hace muy poco leí en un artículo de un periodista, no diré su nombre no merece la pena, que la violencia machista se producía en familias que, no sé con qué criterio, no eran “normales”. La violencia se puede producir en todas las familias, en todas las clases sociales. No es cuestión de ser católico, protestante, budista o musulmán. Es cierto que hay religiones permisivas con este tipo de comportamiento considerándolo algo lógico pero en España de mayoría católica o cristiana se produce igualmente. Es un problema de educación, en este mundo tan materialista y tan agresivo, acabamos enseñando que es la única forma de prosperar y ser algo en la vida. El ansia de posesión hace que perdamos toda la dignidad y nos comportemos peor que animales.
El maltrato en cualquiera de sus vertientes es inaceptable. Enseñar a los niños desde su más tierna infancia que todos somos iguales es primordial, que aprendan a respetar los derechos de los demás y hacer valer sus propios derechos tendría que ser algo natural. Prepararlos para enfrentarse con las frustraciones y desengaños que se producen a lo largo de nuestra existencia es esencial para evitar este tipo de estallidos de agresividad que pueden acabar con la autoestima, con la dignidad y en muchos casos con la vida.
Sólo hay que ver cómo se comportan ante una piñata, se lanzan como si no hubiera más chucherías en el mundo, empujan, pisan, pegan para atrapar más que el resto de sus amigos. Así es y lo aceptamos como si fuera natural, hasta les felicitamos por haber sido más espabilados que los otros y esto no es más que el principio de una carrera en la que tienen que ser siempre vencedores. El primero de su clase, el primero en la universidad, en su trabajo, en su familia…
Es labor nuestra que esto desaparezca, los poderes públicos deben castigarlo pero nosotros debemos suprimirlo y no dejar que otros problemas nos hagan olvidar algo tan importante como el ser humano.