Sé que no te gusta tu nombre, así pues, no lo diré. No hace falta, bien sabes tú que eres mi amiga del alma.
Quiso la providencia que nos conociéramos de muy niñas, tan niñas que apenas tendríamos cuatro años. No fue entonces cuando empezó nuestra amistad, si no mucho más tarde, saltando a la goma a la puerta de tu casa.
Paso a paso, despacito, nos fuimos conociendo y fue naciendo entre nosotras un hilo invisible, duro e indestructible, que nos ha unido para siempre.
¿Qué sería de mí sin ti? ¿Qué sería de ti sin mí? No ha habido un día importante en nuestras vidas que no hayamos compartido. Sonrisas y lágrimas.
Al pensar en ti, todo mi corazón se llena de ternura, de amor infinito. Libres como el viento hemos construido nuestra vida, no siempre juntas pero siempre unidas.
Somos AMIGAS, así con letras grandes, nada más y nada menos. Sólo con mirarnos nos comprendemos, entendemos nuestro lenguaje torpe cuando nos aturullarnos con palabras, nos reímos como bobas de nuestros recuerdos grabados a fuego. Yo admiro tus ganas de vivir, tú la felicidad con la que te cuento que he encendido la chimenea. ¡Somos tan distintas!
¿Cómo no quererte cuando lo has dejado todo para correr a mi lado en los momentos más duros y amargos? ¿Cómo olvidar que me has acurrucado entre tus brazos hasta devolverme la paz?
Mi amiga del alma, mi compañera, mi hermana, mi conciencia…
Intento describir nuestra amistad y me siento torpe porque no existen palabras que puedan hacerlo, ni siquiera las más bellas. Es un sentimiento que nace de dentro, de lo más profundo de nuestro ser, indescriptible, insondable… único.
La amistad no es estar siempre juntas, es reunirnos y sentir que el tiempo no ha pasado, es mirarnos a los ojos y que se iluminen por el reencuentro, es sentir que tu felicidad es la mía y la mía tuya. Es animarnos a seguir adelante, a tomar descanso cuando es necesario, es darnos la mano cuando las fuerzas faltan…
Escribo y mis ojos se me llenan de lágrimas, esta vez lágrimas de felicidad, de orgullo.
Bendita providencia que cruzó nuestros caminos y nos unió para siempre.
Bendita sea.