Estoy asustada y sola. Hace un par de meses entraron en el poblado. De noche cuando todos dormíamos cayeron sobre nosotros como alimañas. A los hombres los mataron a machetazos y a nosotras nos forzaron como si fuésemos muñecas de trapo. Algunas no sobrevivieron. Yo sí, aunque no sé si lo que siento se puede llamar vida. He vagado de un lugar a otro sin encontrar un lugar donde quedarme. Me rechazan por no ser pura, ¡como si yo lo hubiera elegido! Las mujeres no podemos elegir, somos propiedad de la familia, del marido o de cualquiera que quiera tomarnos. Nuestra opinión no cuenta, ni los sentimientos, ni el amor...
Siento que una criatura nace dentro de mí, no la quiero, es el fruto de la humillación, de la tortura, del miedo, de la barbarie...
Cierro los ojos, el cansancio se apodera de mí, ya no importan los animales salvajes, ni los soldados. Mataron mi esencia.
Recuerdo a Shakim, el hombre que mi corazón había elegido, al que rechazó mi familia por no poder entregar la dote que había impuesto. Le veo llegar con los demás, ensangrentado por la caza que trae sobre sus hombros y sus ojos están tristes, no puede darme la mejor pieza. No soy su mujer.
Suspiro largamente, sé que la larga sombra viene a por mí, está cerca, la percibo, me rodea con sus brazos y por primera vez... me siento libre.