Extraño tus manos sobre las mías, el suave roce de tus besos en mi cara.
Extraño tus dulces palabras, tus miradas, tus reproches…
Extraño tus noches en vela guardando mi sueño, sin que yo supiera.
Extraño tus sonrisas y tus risas abiertas, tus lágrimas en los ojos llenos de felicidad.
Extraño esos momentos nuestros, sólo nuestros en que tu voz contaba historias tristes, sin ápice de amargura, narrabas vida, tu vida.
Extraño los días en los que la lluvia golpeaba los cristales, tardes plácidas inolvidables.
Extraño mis cuadros adolescentes de pájaros y poesía que tú alababas incondicional.
Extraño la tristeza de tu mirada cuando todo parecía derrumbarse.
Extraño aquellos días que no eran perfectos y que ahora se antojan maravillosos.
Te extraño tanto que a veces parece que mi alma vuela contigo y siento por unos mágicos segundos tu voz en mi oído susurrando palabras de consuelo.
Sí, te extraño. En las cosas livianas, en las importantes, en la mañana, en la tarde y en la noche. Cuando lloro, cuando río, cuando sufro, cuando soy feliz…
Te extraño… ¡¡Dios mío, cómo te extraño!!